Sobre huertos en comunidades, en la urbe y soberanía alimenticia.

Queridos amigos,

Conforme avanza el tiempo, los nuevos descubrimientos y el desarrollo industrial hacen que el hombre vaya abandonando las funciones para las que la naturaleza le ha creado. Hoy podemos tener todo lo que queremos, hablar con quienes deseemos, cualquiera que sea el lugar del mundo en que se encuentre, sin movernos de nuestro sillón.

Y así somos felices. La teoría hedonista: el máximo bien con el mínimo esfuerzo. 

Pero cuando resulta que eso mismo lo hacemos porque no podemos, no nos dejan hacerlo de otra manera, entonces nuestra naturaleza originaria, no la adquirida, se rebela. Hoy preferimos poder salir a ver a nuestros amigos, preferimos salir a comprar lo que necesitamos, queremos tocar con nuestros pies la tierra original, ya casi virgen, las hojas de los árboles de los que hace tanto tiempo nos hemos alejado, coger con nuestras manos los frutos de los árboles…

Y esa necesidad se acrecienta en estas semanas de obligada reclusión.

Yo les quiero ayudar.

Hace ya unos años me di cuenta de lo que les cuento. Mi razón hizo caso a mi corazón y ambos me condujeron de vuelta a la naturaleza. A sacar de la tierra lo que la tierra quiere darnos. Orienté mi vida hacia la horticultura urbana. Y me aplico aquél proverbio chino:

Si quieres ser feliz un día, emborráchate.

Si quieres ser feliz un año, cásate.

Pero si quieres ser feliz toda la vida, hazte jardinero.

Por eso quiero contarles las bondades de la horticultura urbana. La felicidad, la dignidad de poder suministrar nuestra despensa, nuestra cocina, de lo que nosotros mismos creamos; de lo que extraemos de la naturaleza, no del supermercado.

Hoy podemos tener soberanía, autosuficiencia, en ciertas facetas de nuestra vida, pero en lo que tiene que ver con la alimentación, quizá no tanto. Hay lugares en el mundo en los que uno puede tener mucho dinero y no poder comprar ni un tomate, porque simplemente no lo hay. Hay lugares en el mundo en que el intervencionismo estatal te impide disponer de lo básico. Hay lugares en el mundo, en fin, que hay tanta pobreza que ni dinero ni tomates puedes obtener.

Tenemos la suerte que España, las Canarias, Tenerife, no están en ninguna de las situaciones descritas. Pero aun, así ¿no creen que sería bonito producir, en parte, nustra propia alimentación en lugar de tener que adquirirla?

Yo les puedo ayudar, les puedo enseñar cómo mo cultivar nuestros alimentos, cómo criarlos, cómo cosecharlos, cómo comerciar con ellos y, sobre todo, cómo valóralos. Hace poco leí un artículo que hablaba de agricultura urbana y decía que plantar tu comida es como plantar tu propio dinero; pues yo le digo, querido lector, que en parte es así. 

Cuando eres capaz de sacar de una simple semilla una caja de tomates, o un manojo de zanahorias, estás haciendo el acto más rebelde que se puede hacer, ya que estás reduciendo tu dependencia de otros para alimentarte. Puedes hasta capitalizar esos productos y ser parte de un colectivo, de tu colectivo más cercano, para impulsar y difundir ese bienestar y esa libertad alimenticia que todos queremos. Y, lo más importante, estás fomentando el consumo local y por lo tanto alimentando la economía interna, generando empleo, cooperación, salud, soberanía… Libertad.

Estamos pasando una época dura ya que la pandemia del Covid-19 que está paralizando el mundo entero nos está dejando a muchos sin actividad laboral y con mucho tiempo disponible. Lo que venga después no va a ser bonito tampoco, pero prefiero ser el que hace los pañuelos que el que derrama las lágrimas.

Por ello, y este es el mensaje y la conclusión de este artículo, quería invitar a todas las comunidades de vecinos, particulares, escuelas públicas y privadas, hoteles, restaurantes y demás instituciones o establecimientos a que se animen y se incorporen a esta revolución de la soberanía alimentaria, a que todos aprendamos a producir, si bien solo parcialmente, nuestros propios alimentos.

Aprovechemos estos tiempos de obligada inacción para poner en funcionamiento nuestros propios Huertos Urbanos.

Yo les ayudo.

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